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LA TELEPATÍA

TELEPATÍA es la facultad de proyectar nuestros pensamientos a distancia y que estos sean captados por otra persona.

Realmente es una facultad de doble sentido: enviar y recibir.

Parece existir un sistema físico que sostiene esta capacidad:

La antena emisora de nuestros pensamientos estaría ubicada en la glándula pineal (epífisis) y la antena receptora (posiblemente) en la red nerviosa conocida como "plexo solar", a la altura del ombligo, la zona en la que los antiguos indostanes ubicaban el chacra "manipura".

A estas iniciales conclusiones llegamos, en primer lugar, mediante la investigación a través de técnicas de meditación o de introspección. Sistemas que, correctamente aplicados, nos permiten conocer más a fondo la realidad de los fenómenos, aunque desde un punto de vista científico no ortodoxo.

La glándula pineal (o epífisis) cumple un papel significativo en la "transmisión del pensamiento". De hecho parece ser algo así como la antena emisora del pensamiento. Posiblemente la mayor integridad de esta glándula es la que determina que en nuestra vida gocemos de cierto carisma.

Piénsese en lo siguiente: una cosa es hablar bonito y otra es conseguir atraer la atención de los que nos escuchan. Esto último no depende tanto del mensaje o de las palabras que le den forma. Todos sabemos de personas muy cultas con muy poco carisma y personas con escaso vocabulario pero capaces de promover un alto grado de atención y aceptación.

El misterio no está en nuestra capacidad de expresión... sino en que nuestro mensaje se proyecte envuelto en unas ondas cerebrales poderosas. Esto es lo que distingue a los buenos de los malos vendedores, a los buenos oradores de los malos, etc....

A su vez, la integridad o la involución de esta glandulita depende directamente de la actividad de nuestras glándulas sexuales. Siempre que la glándula se mantiene perfectamente funcional a una edad avanzada coincide con el mantenimiento de una buena actividad de las glándulas endocrinas sexuales. Lo que también influye, dicho sea de paso, en la calidad de la voz.

Todos nuestros pensamientos se traducen en formas químicas (neurotransmisores) y ondas energéticas (las ondas cerebrales, perfectamente identificables). Sin embargo, para aceptar que estas ondas energéticas puedan transportarse a través del espacio tendremos que aceptar la posibilidad de una transmisión fuera del ámbito tridimensional al que estamos acostumbrados. Tal vez tuviera mucho que decir el notable físico Ruperth Sheeldrake y sus campos morfogenéticos. Y aún nos quedaría otro factor por descifrar: el que una persona pueda captar dichas ondas y traducirlas a pensamientos inteligibles (imágenes, ideas, etc...).

Pensemos que esto de la telepatía no es tan extraño a nuestra cultura. De hecho, una buena parte de nuestra vida nos la pasamos intentando esas transmisiones telepáticas. ¡Como!, y tú sin saberlo...

Cualquier persona religiosa no hace más que intentar una transmisión telepática cuando reza. En la cultura cristiano-católica se acude a un templo y el creyente se concentra en una imagen. Luego da rienda suelta a sus pensamientos (casi siempre peticiones o algo por el estilo) con la esperanza de que el personaje (santo, ángel o lo que sea) "escuche" esos pensamientos. Un creyente de mediana cultura no puede suponer que la estatua sea el personaje. Sin embargo tal práctica se basa en uno de los más efectivos sistemas de transmisión telepática. De hecho, aquí se encierra una clave realmente importante.

Cuando queremos transmitir un mensaje a otra persona

el procedimiento es el siguiente:

Relájese la persona que desea transmitir, cierre los ojos e imagínese a la persona destinataria con el máximo detalle, como si estuviera justamente delante de usted. Con el pensamiento nos dirigimos a ella tal como si realmente le estuviéramos hablando directamente, como si verdaderamente estuviera allí presente.

Si la concentración y la imaginación son intensas el destinatario recibe siempre el mensaje. Otra cosa es que lo reciba conscientemente. Pero aún cuando esta recepción sea totalmente inconsciente, el mensaje llega e, inevitablemente la persona tiene algún pensamiento sobre nosotros (si nos conoce) o sobre el tema del mensaje.

¿Cuantas veces os ha venido el pensamiento de algún conocido que no veíais hace tiempo y al poco os lo habéis encontrado, recibido carta o una llamada de teléfono?.

Para triunfar en algunos aspectos de vuestra vida:

¿Queréis tener más oportunidades en vuestras entrevistas de trabajo o de otro tema? ¿Deseáis modificar la predisposición hacia vosotros de alguna persona?

Relajaos y concentraos en ella tal como os he explicado anteriormente. Explicadle entonces a esa persona las ventajas que tendría el que os escogiera a vosotros para el trabajo, o explicadle vuestras verdaderas buenas intenciones, o lo que mejor os parezca.

Una hora de buena concentración e imaginación son suficientes para variar radicalmente la dirección de los acontecimientos.

No utilicéis nunca este sistema para intentar obligar a nadie, ni asustar ni coaccionar. Pues finalmente los perjudicados acabaréis siendo vosotros.

Sólo debe ser usado para razonar o explicar sin perturbar la libertad de elección de ninguna persona.

O sea que si Manolita no quiere saber nada de nosotros porque está enamorada de Pepito (y nosotros no somos Pepito)... francamente, lo mejor que podremos hacer en la vida es respetar el libre albedrío ajeno.

No es un consejo gratuito: al final los verdaderamente perjudicados seremos nosotros.

¿Ese profesor realmente quiere perjudicaros?

¿Os tiene "manía"? (y no es sólo una excusa para justificar nuestra ineptitud)

¿Alguien tiene el deseo obsesivo de hundiros en la miseria?

El "arma secreta" para conseguirlo:

Bien relajado imagina un retrato tuyo (o sea, a ti mismo) pero un retrato amoroso, lleno de buena voluntad, de amor hacia todos tus semejantes. Debes imaginar ese retrato tuyo lleno de amor y comprensión hacia ese supuesto enemigo. Y no se trata sólo de un amor fingido... si quieres usar esta arma estratégica debes llegar a sentir amor y compasión hacia esa persona que desea tu mal.

Luego imagina a ese "enemigo" e introduce ese retrato tuyo en su corazón. Cuéntale que no deseás su mal sino que comprendes lo que sufre y que no es tu intención perjudicarlo. Incluso dale un abrazo y deséale lo mejor.

¿Comprendes lo que quiero decir?

No pasará mucho tiempo antes de que esa persona pierda su negativo interés hacia ti. Entonces olvidala. No vuelvas a citarla siquiera, ni para bien ni para mal. Dejad que viva su vida y tu vive la tuya.

Si vives criticando a otras personas acabarás perjudicánte a ti mismo.

También puedes realizar un bonito entrenamiento entre amigos, de la siguiente manera:

Queda a una hora determinada con una persona amiga. Uno se encargará de enviar un mensaje y otro de recibirlo. Empezad usando imágenes muy simples pero muy claras: un cuadrado, un triángulo, una línea ondulada, un círculo, una línea recta horizontal o vertical, una cruz, una espiral. Elegid una sola imagen.

Cuando sea la hora elegida y durante al menos media hora (las primeras veces, luego es todo más sencillo y serás más rápido) imaginad a vuestr@ amig@ como si estuviera delante de vosotros e imaginad el símbolo elegido.

Dibujadlo mentalmente, explicadselo, redibujadlo, imaginad que lo pintáis en un papel y se lo enseñáis e incluso explicadle acerca de cosas que tienen esa forma. En fin, todo lo que se os ocurra. A esa misma hora vuestr@ amig@ tratará de captar la idea o la figura.

Para captar una idea o imagen transmitida hace falta estar relajados, tranquilos... imaginar a vuestr@ amig@ transmisor delante de vosotros y, sin desear nada, tranquilamente esperar a que os venga alguna idea o imagen... o que la figura imaginada del emisor os devele su pensamiento.

Si no viene nada no os alteréis, en otra ocasión será.

Lo que realmente resulta imprescindible es aprender a no proyectar uno mismo, simplemente estar tranquilamente receptivos y aceptar lo primero que venga, con la seguridad de que nosotros no hemos tenido la intención de inventar "algo".